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Archive for 30 agosto 2014

El otro día vi Inside Llewyn Davis una película de los hermanos Coen. No sabía de qué iba ni nadie me había hablado de ella (bueno, resultó que mi hermano sí que me había comentado algo, pero esa información se quedó en una parte de mi cerebro sin ser procesada, así que no cuenta), total, que no tenía expectativa alguna sobre ella, y me encantó a nivel ido. 

Una de las críticas que más me ha gustado es la de Jordi T. Palo, que puedes leer aquí. La sinopsis de él mismo:

“El guión de A propósito de Llewyn Davis, firmado nuevamente porJoel Coen y Ethan Coen, se inspira parcialmente en The Mayor of MacDougal Street, las memorias del cantante y artista estadounidense Dave Van Ronk, una seminal figura del panorama folk de los años sesenta, un punto de partida para el ficticio pero mundamente humano Llewyn Davis de los hermanos Coen. De esta manera, en A propósito de Llewyn Davis seguimos las diatribas y penurias de este músico de folk de escasa fortuna del Greenwich Village para poder ganarse la vida con sus ritmos y melodías. Esto lleva a Llewyn Davis a una triste existencia, siempre en dependencia de sus amigos y familiares, intentando aprovechar la menor oportunidad para lograr hacerse un hueco en la escena neoyorquina y poder desprenderse de su mala suerte”.

Inside Llewyn Davis

Inside Llewyn Davis

El guión exquisito, la elección de los actores un acierto y la música… uffff la música. Una delicia, un placer, para escucharla sin parar hasta perder el conocimiento 

Fare Thee Well (Dink´s song)

Interpretada por Oscar Isaac (el protagonista) y Marcus Mumford para la banda sonora de la película. Es una canción de principios de los años veinte versionada por muchos, entre ellos Bob Dylan, que cuenta (según la wikipedia, así que hay que cogerlo con pinzitas) la historia de una mujer afroamericana llamada Dink que cantaba mientras lavaba la ropa a su marido en un campamento provisional de constructores de diques del río Brazos, cerca de Texas.

Five Hundred Miles 

En Inside Llewyn Davis la cantan en una escena Justin Timberlake, Carey Mulligan y Stark Sands. La canción fue compuesta por Hedy West, una cantante de folk y compositora de los años 60. Igualmente versionada numerosas veces, pero ésta es un caramelo de esos que te encanta y no quieres que termine. Dos guitarras y tres voces perfectamente empastadas.

 

Recomendación: disfrutar sin control.

 

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Un texto de flujo de escritura consciente 

Unknown

Últimamente mi yo paranoico recibe demasiada información de la que alimentarse. Las noticias que me anima a leer le tienen bien gordo. Que si el Ébola por aquí, que si amenazas yihadistas, conflictos bélicos entre diferentes pueblos… Vamos, que está contentito. Me anima a que lea y vea más y más noticias, quiere datos, ¡qué malo es conmigo! Sabe que los datos son mi perdición, como buena obsesiva. El otro día leí una noticia en el diario Público (el preferido de mi yo oscuro) que decía que la Europol había alertado a los servicios de seguridad de los países europeos y a Estados Unidos ante una posible amenaza terrorista. Pero aún iba más allá. El atentado lo podría perpetrar un individuo en solitario que asaltara a un miembro de la seguridad, cogiera su arma de fuego y disparara INDISCRIMINADAMENTE a cualquier persona que pasara por el lugar… ¡¡SOCORROOOOOO!! Mi yo oscuro se puso muy contento al leer la noticia: los verbos en condicional le encantan y el azar también. Seguí leyendo, ya que mi ansiedad iba en crescendo y ya no podía parar, decían que en el fondo no tenían ninguna certeza de que pudiera pasar. ¿Cómo? ¿Tiran la piedra y esconden la mano? Aún peor, no era algo seguro, ¡ERA INCIERTO! Sentí a mi yo loco de contento, estaba eufórico. Cuando se sosegó un poco me recordó que dentro de unos días íbamos a coger el ave y me dijo en un tono maquiavélico que conozco muy bien que en el ave, cuando pasas el control policial, las personas no atraviesan un arco, como pasa en el aeropuerto ¡ALAAARMA! Es decir, que además de que un individuo (actuando en solitario, por supuesto) pudiera dispararme en cualquier lugar y en cualquier momento, ahora también iba a pensar en hombres bomba con cinturas llenos de explosivos alrededor del cuerpo. ¡¡JODER!! esto sí que es una auténtica putada. ¿Cuál es la probabilidad de morir en un acto terrorista? ¡Coño! ¡No lo sé! Esto es increíble, ni siquiera sé la probabilidad de que esto me ocurra y tampoco la posibilidad de que si ocurre pueda sobrevivir. El corazón me iba mil y empezaba a sudar a lo pollo. Siempre puedo consultar en Google para tener algunos datos más, el “voy a tener suerte” de los cojones seguro que lo sabe… Pero no, esto no puede ser, trato de irme a otra clase de pensamientos más positivos, pero noto como mi yo se resiste a abandonar el goce que le producen los otros. Casi lo logro, pero aparece una nueva noticia. Posibles casos de Ébola en España, ¡¡aaaaaaaaahhhhhh NOOOOO!! a mi yo sólo le hace falta hacer el triple salto mortal con tirabuzón final, está frotándose las manos y me susurra que él nota que hay ciertas fisuras en el sistema sanitario español y que la ministra de Sanidad no sabe hacer la O con un canuto. ¿Y si alguien nos tose cerca y me salta una micro gota de saliva imperceptible al ojo humano, me toco con la mano y luego el ojo o la boca? “Es muy fácil”, me dice él, “el Ébola se contagia a través del contacto de los fluidos”. ¡Malditos datos! ¡Madre mía! Me puedo morir por Ébola, de hecho podría estar incubándolo ahora mismo. “No es complicado”, me dice mi yo oscuro, “el otro día estuviste en Tarifa donde llegan muchas personas de África, quién sabe quién podría estar infectado y a quién toco, seguramente tú hayas tocado a alguien que ya estaba infectado sin saberlo” ¡DIOOOSSSS! ¿A cuántas personas he tocado desde entonces? ¿He contribuido a distribuir el virus? ¿Estamos al borde de una pandemia? Mi amiguito se ríe, cómo le odio, se alimenta de mi angustia. Quiere que vea más noticias, se rompe el alto el fuego en la franja de Gaza, desaparece un avión, cada vez más paro, asesinatos y violaciones… Estoy fuera de mí con los ojos en órbita, una gota de sudor me cae por la frente y el pecho me va a estallar. Eso es lo que él quiere, que tenga miedo para que él no desaparezca, se siente fuerte en esos momentos, aunque sabe que con un clic puede desaparecer. Me pongo a escribir el texto que ya va a terminar, y el ansia se torna risa, me libera de su opresión magnética, pierde poco a poco el control sobre mí, al menos por un tiempo, hasta que desaparece como si nunca hubiera vivido en mí mi yo paranoico.

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